En medio de una crisis, todo se vuelve confuso. Mis emociones se mezclan y a veces siento que me voy a desbordar. Pero he entendido que no se trata de reprimir lo que siento, sino de aprender a escucharlo. Me permito sentir miedo, tristeza o enojo, porque negar mis emociones solo me lastima más. A veces escribo, otras simplemente me abrazo en silencio. No tengo todas las respuestas, pero he descubierto que está bien no estar bien todo el tiempo. Que ser fuerte no es aguantar todo, sino saber cuándo parar, respirar y seguir. En esos momentos difíciles, intento aferrarme a lo que me da paz, aunque sea algo pequeño. Porque incluso en el caos, uno puede encontrar algo de luz. Y si no la encuentra, también se vale ser la luz.
Las crisis no siempre vienen a destruirte… a veces vienen a despertarte.